Cuando llega el otoño e invierno, muchas familias notan cambios en el estado de ánimo de sus hijos. Algunos se sienten más irritables, otros más tristes o apáticos. Hay quienes duermen más de lo habitual, tienen menos energía o prefieren estar solos.
A veces, esto se interpreta como flojera, desinterés o mala actitud. Pero en realidad, puede tratarse de una respuesta completamente natural del cuerpo… o incluso del inicio de un cuadro conocido como trastorno afectivo estacional (TAE).
En este artículo te explico qué es el TAE, cómo afecta a niños y adolescentes, y cómo puedes acompañarlos desde el amor, la comprensión y el cuidado emocional.
¿Qué es el trastorno afectivo estacional (TAE)?
El trastorno afectivo estacional es un tipo de depresión que aparece con los cambios de estación, especialmente durante los meses de invierno, cuando los días son más cortos, hay menos luz solar y las temperaturas son más bajas.
Aunque suele hablarse de este trastorno en adultos, también puede afectar a niños y adolescentes, ya que su sistema nervioso es especialmente sensible a las variaciones ambientales.
El TAE puede provocar:
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- Cambios de humor
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- Irritabilidad
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- Dificultades para dormir
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- Cansancio excesivo
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- Aislamiento social
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- Apatía
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- Menos energía
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- Pensamientos más negativos
No es una simple “tristeza de invierno”. Es un fenómeno biológico real que afecta el ritmo circadiano, el ánimo y los procesos neuroquímicos del cuerpo.
¿Por qué el otoño e invierno afectan tanto?
Durante el otoño e invierno, la cantidad de luz natural disminuye. Y con ello, también cambian los niveles de ciertas hormonas importantes para la regulación emocional y física.
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- Disminuye la serotonina, que ayuda a mantener el bienestar emocional.
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- Aumenta la melatonina, que regula el sueño y da sensación de cansancio.
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- El cuerpo busca conservar energía, entrando en una especie de “modo refugio”.
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- Se altera el reloj biológico, lo que puede provocar insomnio, desajustes en los ciclos de sueño, antojos y apatía.
Todo esto puede explicar por qué tu hijo está más irritable, más callado o más pegado a ti durante esta época.
¿Cómo afecta a niños y adolescentes?
En niños:
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- Mayor necesidad de compañía
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- Llanto fácil o regresiones
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- Dificultad para separarse de figuras de apego
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- Irritabilidad e intolerancia a la frustración
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- Juegos simbólicos que expresan emociones más profundas
En adolescentes:
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- Cambios en el sueño y el apetito
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- Falta de motivación
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- Aislamiento social
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- Reflexiones existenciales o pensamientos negativos
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- Hipersensibilidad al conflicto familiar o escolar
Este cambio emocional no es flojera, ni drama adolescente. Es una reacción al entorno y a los cambios internos que provoca la temporada.
¿Cuándo preocuparse por el TAE?
El TAE puede ser leve o moderado, pero también hay casos donde los síntomas se agravan. Te sugiero buscar ayuda profesional si notas en tu hijo o hija:
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- Pérdida del interés por actividades que antes disfrutaba
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- Irritabilidad persistente
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- Dificultades para dormir o dormir en exceso
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- Baja autoestima o pensamientos negativos frecuentes
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- Expresiones de desesperanza
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- Cambios en su desempeño escolar o social
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- Mención de ideas suicidas
Un profesional de la salud mental (como un terapeuta infantil o adolescente) puede hacer un diagnóstico y valorar si se trata de un TAE o de otro tipo de trastorno depresivo.
Consejos prácticos para ayudar a tu hijo durante el otoño e invierno
Aunque no puedes cambiar el clima, sí puedes crear un entorno emocionalmente saludable y protector en casa. Aquí te dejo algunas ideas que pueden ayudar:
Busca más luz natural
- Abre cortinas, mantén espacios bien iluminados y sal a caminar con tu hijo durante las horas de más sol. Esto ayuda a regular la producción de serotonina y mejora el estado de ánimo.
Incluye movimiento corporal
- El ejercicio físico (aunque sea suave) estimula el sueño, mejora el ánimo y ayuda a despistar al reloj biológico.
Valida sus emociones
- Frases como “te entiendo”, “tiene sentido que te sientas así” o “vamos a pasar esto juntos” pueden tener un impacto profundo.
Respeta su necesidad de pausa
- No todos los días tienen que ser productivos. El cuerpo también necesita momentos de silencio, descanso y conexión.
Ofrece contención física y emocional
- Abrazos, presencia calmada, rutinas estables. El cuerpo en invierno no busca velocidad… busca cobijo.
Busca ayuda profesional
- Consulta a un profesional de la salud mental si los síntomas del TAE se intensifican o se prolongan más allá del invierno.
Acompañar su mundo emocional también es salud mental
Los niños y adolescentes no siempre tienen palabras para explicar lo que sienten. Pero su cuerpo lo expresa en su energía, en sus comportamientos y en lo que te piden sin decirlo.
Acompañar su tristeza de invierno, su irritabilidad o sus días silenciosos no es “consentirlos demasiado”, es responder a sus necesidades emocionales con ternura y claridad.
Y tú también mereces descanso, calma y cobijo. Porque cuando te habitas con paciencia, puedes ayudarlo a habitarse también. El cuerpo no busca productividad en invierno. Busca refugio. Y muchas veces, ese refugio eres tú.
Con calma, claridad y cuidado,
– Robbie De La Garza